Archivo de Marzo 2007|Página de archivo por mes
Spencer Tunick en México (por Alejandro Hernández)
Todos hemos tenido el sueño de correr desnudos por un campo de flores sin temor a ser vistos o sin la vergüenza que representa el que alguien te esté observando. En este momento en nuestro país muchos tienen la oportunidad de realizar ese sueño, sin correr, pero sí estando desnudos fuera del baño o de la recámara y pretender, al menos, que no nos importa que los demás nos vean, ya que habrá en ese lugar unas cuatro mil personas más, por fortuna, en las mismas condiciones que el resto de los asistentes; es decir, desnudos.
Este hecho provoca en mí una sensación bastante extraña, ya que veo la oportunidad de “realizar ese sueño” que por algún motivo llama mi atención con mucha insistencia y por otro lado no pierdo de vista la sensación de hacer algo incorrecto, algo que no se debe hacer, por no contribuir de manera sustancial con mi vida y siendo francos tampoco con la sociedad.
El pecado
Ya sea que yo sea un morboso de marca o que sólo me interese sentirme bien conmigo mismo, no dejo de pensar en la justificación que las otras tres mil 999 personas le dan al evento y en cómo yo contribuyo a darle fuerza a sus ideales. Seguro que alguien lo hará porque de verdad cree que es artístico, habrá quien lo haga por sentirse lo suficientemente maduro como para romper con todas las ideas poco naturalistas del pudor y el buen comportamiento; lo respeto, pero también habrá los que lo hagan por el único hecho de ver más gente desnuda que sirva de inspiración para una masturbadita más tarde, para que más allá de que alguien pueda dejar atrás sus complejos, los afiance más a su vida, pretendiendo que con mostrar su cuerpo éstos se irán. Y lo que más me preocupa, es el apoyar las ideas ligeras de poca responsabilidad que defienden ideales como el de que el mundo sea una gran cama dónde todos puedan compartir su “amor”.
La razón
La defensa de que se trata de un arte resulta demasiado subjetiva y no creo, a pesar de toda la gente que pueda estar a favor de esa idea, que justifique el hecho; el asunto es que existen muchas otras formas de hacer arte que implican sacrificios mucho menores y no comprometen la integridad de nadie, sin tomar en cuenta que el hecho de formar parte del montaje no nos convierte en artistas, de la misma forma que una manzana en sí no tiene más significado en una obra de arte que el hecho de haber sido pintada y nadie valora ni venera a la manzana en sí, misma que en todos los casos, cuando el cuadro, la foto o la escultura de dicha manzana se exponen, ésta ya ha muerto.
Encuentro mucho mas satisfactorio el hecho de hacerlo por vivir una experiencia, por quedar plasmado en un documento o documental, por hacer algo que podría ser histórico, aunque de escazo valor como tal, incluso por tener algo sobresaliente que contar a alguien más y esto me lleva de regreso al inicio. ¿Que persiguen las demás personas al hacerlo? Es un asunto que en verdad me preocupa ya que estoy convencido de que la moral es la contraparte que mantiene a las sociedades sin derrumbarse. Nos guste o no, las cosas que valen la pena de la vida a gran escala son morales, son benignas, no dañan y en este caso la ligadura que hay entre la desnudez y el sexo, que no tiene nada de malo por sí mismo, también se puede ligar a la baja moralidad que se puede encontrar en el sexo casual, al azar, sin responsabilidades ni compromisos, sobre todo por tratarse de grandes masas.
La incógnita
¿Que hacer? Me gustaría hacerlo por vivir la experiencia, en verdad se me hace atractivo, ¿pero vale al pena?, ¿cómo justificar el acto?, ¿es necesario justificarlo?, ¿crees que ésta es una muestra de la degradación de nuestra sociedad o es arte? ¿Tú que harías?
No olvides dejar tus comentarios.
Si tú ya resolviste esta incógnita y estás dispuesto a despojarte de las ropas, puedes ver la convocatoria aquí.
Hasta la próxima,
Alex
Intermedio (por Luis Nieto)
Juventud, divino tesoro; te vas para no volver. Cuando quiero llorar no lloro y a veces lloro sin querer
Queridos amigos:
No dejo de pensar en el público de este blog, presente o futuro, y en cuándo se harán escuchar. La retroalimentación o la idea de ella resulta para mí hoy una incógnita. Y es pensando en esta interrogante sobre el futuro que hoy comienzo mi nueva participación. Estoy a la mitad del camino, esto es, a la mitad del recorrido y en el centro de la vía, con la conciencia de mi origen y con incertidumbre de mi destino. Y es difícil determinar cuál ha sido el avance, pues la vida se compone de muchas carreras, como una olimpiada, de muchas pruebas. Imposible me resulta realizar este ejercicio sin detenerme a considerar lo que ha sido mi camino, la manera en que lo he andado y a los seres inseparables que lo han recorrido conmigo. Echando una ojeada al medallero, encuentro algunas victorias, algunas derrotas para las que hay más oportunidades y otras que no tienen reintegro. Éstas últimas muy a menudo tienen una fuerza debilitadora, valga la redundancia, que pueden culminar en un knock-out, y la forma de combatirlas es tomar de su fuerza el impulso para resurgir. Nunca es tan fácil empezar a subir como cuando se está en el fondo. Y así es como todo está diseñado. La felicidad a mi parecer consiste en acumular medallas, entendiendo por esto logros en los aspectos importantes de la vida o en todos, sin jamás dejar de asignar las prioridades correctas. Y son tantas las competencias, que el más apto no es el que marca mayor superioridad en una disciplina, sino aquel que es capaz de entregar el mejor esfuerzo para avanzar en todo, generalmente despacio. Ganador de varias de las pruebas, perdedor de otras y descalificado en otras más, la mitad del camino me parece el momento para repensar y revaluar los objetivos.
Confieso que he vivido, que me he sabido rodear de las mejores personas y que he descubierto que la felicidad no es una condición estática, sino una moneda de circulación cotidiana por la que hay que trabajar y esforzarse. Sin lugar a dudas he sido afortunado, en el entendido de que la fortuna o la suerte no son nociones fortuitas, sino la sucesión de eventos positivos o negativos para la cual el hombre no ha podido señalar un patrón de comportamiento preciso. He encontrado la vida un tanto cuanto compleja, sobre todo por la abrumadora cantidad de situaciones que se conjugan para producir un panorama general. Sé que pocas veces se recibe lo que no se merece y que algunas otras pensamos no recibir todo lo que merecemos. En la vida se cometen errores, algunos se pagan en una sola exhibición y otros son a crédito, en mensualidades o anualidades que no siempre son cómodas, pero que siempre tenemos la capacidad de cubrir. Yo he cometido algunos, de los que he sido responsable. De algunos me arrepiento y de otros no, todos me han hecho ser mejor y manejar el mundo con más destreza. Llamo “fortuna” a haber sido hijo de personas fuera de serie, a tener hermanos de los que he podido aprender y con los que he compartido momentos inolvidables, a gozar de la amistad entrañable de personas de valor incalculable, a haber estado con mujeres que corrigieron mis deficiencias y acrecentaron mis cualidades, a tener la sapiencia de conducirme con honestidad y la inteligencia para forjar una existencia plena y de satisfacciones; conceptos todos para cuya definición justa todos los adjetivos resultan escasos.
Llamo “fortuna” a haber sabido desde temprano cosas de la vida que a algunos les toma 50 años empezar a comprender y que muchos jamás alcanzan a vislumbrar, a haber librado duras batallas y golpes mortíferos, y haber exprimido toda la experiencia que había en ellos, siempre con el respaldo y apoyo de la gente por la que vale la pena vivir. Llamo “fortuna” a haber tenido el valor de encaminar mis pasos hacia delante, a pesar de todas las invitaciones para no hacerlo, a tener siempre el coraje para prosperar, para tratar de ser mejor con cada vuelta de la Tierra y para atreverme a actuar según mis convicciones. Tiene que llegar un día el momento en que en verdad lo primero sea lo primero y se atienda lo descuidado, para intentar no perderlo. A veces se descubre que hay cosas que se pueden perder de tal manera que parezca que nunca se tuvieron. Vivir la vida al extremo y permitirse experimentar parece ser la recomendación más sana. Si usted tiene algo que no quiere perder, no lo cuide, vívalo, úselo. La vida no es para cuidarla. En todos los casos el precio de vivir la vida es perderla. El precio de no vivirla es el mismo. Pero el camino no se acaba.
Saludos cordiales,
LM
Los más recientes triunfos de México (por Alejandro Hernández)
Comenzamos la semana con el sabor agridulce de al fin haber ganado algún Oscar, pero no todos los que queríamos, y esto nos deja como el chiste de pepito – no gozamos lo que ganamos por llorar lo que perdimos – creo que esto es normal. Nos hemos cansado de ver en estas premiaciones, películas (norteamericanas en su mayoría) que cuentan con cinco, seis o siete nominaciones y terminan con las manos vacías o apenas obtienen una estatuilla, cuando habían llevado hasta personal de auxilio para cargar todos los premios que “merecían”, por lo que creo que México, al competir en estas mismas condiciones (más la condición propia de ser México), debe acostumbrarse a este tipo de sorpresas.
De esta forma, creo que es momento de recordar la innumerable cantidad de años que hemos estado frente al televisor rogándole a Dios que nos dé aunque sea un oscarito de mejor ”loquesea” y que casi invariablemente nos había sido negado (sé bien que por ahí hay un par de personalidades mexicanas que ya lo ganaron [Manuel Arango y Regina Reyes], más los de Anthony Quinn que ya no era mexicano cuando los obtuvo, pero de eso no muchos se acuerdan). Hoy nos dan dos (no sé si Dios o la Academia) que parecen cuatro, hasta que te enteras que también Argentina y España ganaron algo, pero sin duda alguna es momento de celebración, de verdaderamente valorar el triunfo y de dejar de lamentarnos por lo que no recibimos. En otros años hasta fiestas hubiéramos hecho ¿a poco no?
Enhorabuena para Guillermo Navarro y Eugenio Caballero, con este tipo de mexicanos da gusto ser su paisano. Lo que sí se puede decir con respecto a que no son los primeros premios (Oscar) para México, es que sin duda estos dos son los más importantes.
Pasando a otros temas poco menos gloriosos, tenemos a la Selección Nacional de Fútbol, a la que no llamo decepeción nacional sólo por ya estar muy trillado el chiste, que logra un triunfo válido contra la potente Vinotinto. Lo que me enoja no es que México le gane a Venezuela, obvio no; sino que los jugadores no se entreguen en la cancha (los cambios) y jueguen como si le hicieran un favor a no sé quién; que con un poco más de suerte Venezuela nos hubiera podido meter en problemas (estuvo a punto) y que nosotros después de dar un buen show con llegadas e intentos, cual Barcelona en la Copa del Rey, empecemos a jugar como los Venados de Yucatán en partido de preparación; que después de tener el dominio total del encuentro, seamos los totalmente dominados.
Señor Sánchez, le reconozco todos sus logros, sus méritos para ser Seleccionador Nacional, pero creo que le está fallando la estrategía. Claro, “falta tiempo” como siempre, aunque teniendo las facultades que usted tiene, teniendo una lista de cientos de jugadores para escoger, en la que muchos tienen experiencia en selección, en torneos internacionales, que han jugado juntos un titipuchal de veces, en ese mismo estadio, en esas mismas condiciones, vamos, hasta con ese mismo árbitro, ¿cree usted que deba haber algún problema para ganarle a Venezuela como los grandes, incluso no teniendo tiempo de sobra para preparase? Con todo respeto creo que a pesar de las credenciales del Sr. Sánchez, ha fallado la estrategia en los dos partidos que ha jugado y de paso, por lo que he visto, creo que no es un gran motivador. En fin, esto no es más que un punto de vista de los millones que hay a este respecto.
Pido disculpas por el tiempo que dejé pasar de la “Primera Entrga” hasta ésta, que obviamente resulta ser la segunda (de mi parte) o la tercera en el blog (estoy seguro de que saben contar), lo que pasa es que apenas toma uno una decisión de hacer algo nuevo (como esto) y la vida se encarga de recordarle insistentemente las razones de por qué no hacerlo y las razones por las que no lo habías hecho antes, casi al grado de convencerte. En fin, lo iré dominando poco a poco.
Si dejan algún comentario, no hay fijón…
Hasta la próxima,
Alex
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